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La primera novela que escribí, Desde la terraza, la inicié en 1996 y me costó unos cinco años de trabajo, con una investigación sobre la historia de África, sus pueblos y sus conflictos.

En realidad, la historia de la monja española Pilar Díez Espelosín, influyo en mi ánimo para que la trama rodase en torno a ella y a la labor de cuatro médicos de la organización internacional Médicos del Mundo, aunque por motivos obvios, cambié sus nombres verdaderos, situando el contexto de la novela en otros lugares distintos, pero destacando el aspecto humanitario de todos ellos.

Podéis leer, si os apetece, los artículos y libros que hablan del mismo tema, aunque están escritos bastantes años después de publicar mi novela:

Reacciones internacionales ante el Genocidio, de Jesús Sordo Molina.
Cómo conocer una historia africana, de Riszard Kapuscinsky (reseñado en este mismo blog: https://pacocaseroviana.com/ruanda/).
Artículos publicados en la revista http://datos.bne.es/resource/a5128606

Sobre la actuación internacional que se sufrió la guerra de Ruanda, la información exacta muere a favor de historias virtuales; el ritmo de la producción se antepone al de la redacción, y los tiempos breves obligan a la superficialidad y la falsedad.

«Cuando estuve en Ruanda, durante la matanza de 1994 —decía Riszard Kapuscinsky— «noté que muchos periodistas, de tan conectados con su central por teléfonos y correo electrónico, no veían lo que pasaba en el lugar. Llamaban a sus jefes en Nueva York, Londres o Madrid, quienes les decían que necesitaban confirmar esta u otra noticia que les había llegado. Ya no eran reporteros: sólo seguían órdenes de unos jefes que ni siquiera sabían dónde quedaba Ruanda».

En otro de sus libros, Los cinco sentidos del periodista, Kapuscinki también hace referencia a Ruanda. En esta ocasión, hace hincapié en el reducidísimo grupo de personas que realmente conocieron en profundidad los hechos. Y en el asombro que sintieron por las falsedades con las que se dieron a conocer esos hechos. Sus voces, alternativas y difundidas a través de algunos pocos libros, no podían competir con la accesibilidad de los medios masivos.

Vivimos en un mundo de tantas culturas que solamente un reducido grupo de especialistas es capaz de entender y aprender algo de lo que está pasando. El resto accede al discurso fragmentado y superficial que los grandes medios condensan en un minuto: se trata de un problema que seguiremos sufriendo mientras las noticias muevan tanto dinero, estén influidas por el capital y compitan como productos de los dueños de los medios.

Esa misma impresión es que yo obtuve a través de mi investigación: Se silenciaba la actuación de los gobiernos internacionales en el conflicto y sus intereses geopolíticos y estratégicos. El general Dallaire, jefe de la misión UNAMIR, de la ONU, dijo lo siguiente al terminar su misión:

Enseguida comprobé asombrado que tanto franceses como belgas y alemanes tenían allí consejeros a docenas. Ellos sí sabían lo que pasaba, pero ninguno proporcionaba a la ONU, es decir, a mí, su representante, la información que poseían. Y al mismo tiempo, esos países que estaban en el Consejo de Seguridad tampoco dejaban a la ONU, a mí, montar mi propia unidad de información, porque, decían, que el mandato no contemplaba eso. Incluso, cuando tuve constancia de que se pasaban armas de contrabando a través de la frontera de Uganda y pedí permiso para buscarlas, pero me contestaron que no era asunto de la ONU.

A pesar de todo, Francia se encargó, a través de la Operación Turquesa, de pacificar parte del territorio. El país galo, con 2,500 soldados provenientes de sus bases en África, garantizó la seguridad en la parte suroeste de Ruanda y la llegada de la ayuda internacional. Todo hasta que la misión UNAMIR lograra reunir a los 5,500 soldados necesarios para hacerse cargo de la situación. De este modo, Francia se erigió con el mando del discurso de la solidaridad. Sin embargo, las críticas no se hicieron esperar. Según Victoria Brittain, Francia había prestado apoyo militar y logístico al gobierno del asesinado Habyarimana desde hacía años, lo que definía las intenciones del ejercito galo como sospechosas. Según el estudio de Joan Casòliva y Joan Carrero, Francia había permanecido al lado de Habyarimana hasta la firma de los Acuerdos de Arusha. Apoyó al gobierno hutu con armamento para evitar la invasión del FPR y otras incursiones de los tutsis. Finalmente, se retiró del país con la llegada de los primeros soldados de la MINUAR (UNOMUR), en noviembre de 1993, y no volvió hasta junio de 1994 con la Operación Turquesa, a petición de las Naciones Unidas y con estrictas condiciones de no apoyar al gobierno radical hutu.

Por otro lado, el ejército francés permitió que miembros de las milicias hutus y responsables de las primeras matanzas se refugiaran en “zonas seguras” fronterizas, evitando así caer en manos del FPR y permitiendo que controlaran la gestión de la ayuda humanitaria. Esto nos lleva a pensar que Francia aplicó una radical realpolitik en la zona para no perder su capacidad de influencia en competencia con Bélgica y otros países».

La misión UNAMIR o MINUAR, liderada por el General Dallaire, y creada para cuidar del cumplimiento de los acuerdos de Arusha (Tanzania), fue durante cuatros meses bloqueada por norteamericanos y británicos. Este retraso provocó tensiones entre las partes ya enfrentadas: FPR y gobierno de Habyarimana. La primera embajada en abandonar Ruanda fue la embajada norteamericana (7 de abril de 1994), y durante el Genocidio puso todo tipo de impedimentos a las Naciones Unidas para poder actuar de forma decidida y enérgica y poder así parar el conflicto.

Pasados dos años de la masacre, el 15 de noviembre de 1996, Estados Unidos bloqueó la adopción y la aplicación de la resolución 1080, por la que el Consejo de Seguridad aprobaría el despliegue de una fuerza multinacional de protección de los refugiados y población civil amenazada en el este del ex Zaire, y que estaban siendo masacrados por los militares ruandeses.

Ante todo esto, no cabe más explicación que el interés por controlar los recursos naturales de esa zona centroafricana, que contiene yacimientos de cobre, cobalto, zinc, plata, diamantes, uranio, cadmio y otros metales raros, pero, sobre todo, concentraciones de oro en cantidades excepcionales. Los seres humanos son lo que menos importa.

Y así ha seguido ocurriendo en otras zonas del mundo, por el afán de mantener su control sobre los recursos de cualquier país que los tuviese.

Años después, escribí la novela Muyahidín. La información que encontré era tan confusa, sesgada y distorsionada que seguí investigando y recopilando una información que, poco después, dio para escribir dos novelas más, a consecuencia del ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York. En un principio creí, como todo el mundo, que se trataba, efectivamente, de un ataque más de Al Qaeda, sobre todo, tras el ataque a las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania, y escribí una segunda novela que se titula La ira de Alá, pero había algunos informes de ingenieros en explosivos y demoliciones, expertos en aceros, catedráticos de Universidades suecas y de los propios Estados Unidos, que levantaban sus voces para decir que el informe del Congreso de los Estados Unidos era falso. Seguí investigando, y esa investigación me llevó a algunos documentos secretos del Pentágono, hoy públicos, que ponían de manifiesto algunas de las actuaciones de bandera falsa por parte de los gobiernos de anteriores de los Estados Unidos, por lo que escribí la novela Bandera falsa/Terrorismo de Estado.

Sí, ya sé que algunos lectores dirán que me baso en teorías conspiranoicas, pero en la novela doy datos, fechas, fuentes de información, y una argumentación sólida, al menos, a mi entender, sabiendo de antemano, que todos los gobiernos nos ocultan aquello que no quieren que sea de dominio público. Ha ocurrido y ocurre en España con muchos asuntos poco claros de nuestros gobiernos democráticos. ¿Acaso los gobiernos norteamericanos son diferentes?

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¿Qué hay de cierto en la historia que nos han contado nuestros gobiernos sobre la vida de Osama Bin Laden?

 

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